De raíz

Mi papá y yo tenemos una relación peculiar.  Casi a toda la gente que recién conozco le causa conflicto la forma tan poco formal con la que trato al donante del 50% de mi DNA. Y es que para empezar, mi papá y yo, nos caemos bien, y tenemos muchos vicios en común.

Era una niña frágil y con muy pocas esperanzas de calidad de vida al crecer. Ergo, siempre estaba enferma, o con la piel en carne viva ya fuera por una dermatitis, o por la cantidad malsana de inyecciones que me ponían. Entonces Leonardo, o el Leon aka mi papá, buscaba formas poco ortodoxas de que su mocosa dejará de llorar. Básicamente porque se oía en toda la casa y nadie podía dormir, es más ni el gato.

Por ese entonces, unos meses antes de que yo naciera, había comprado el soundtrack de “Cosmos”, si, si la de Carl Sagan, y entonces se puso investigar en cómo hablarle a su mocosa del demonio,  de tal forma que siguiera su voz hasta que, después le pudiera poner atención a cada sonido que salía del estéreo que tenía.

El resultado acabó siendo, básicamente, que una vez cada semana mi sacrosanto padre, iba a meterse al mercado del chopo a buscar “música de hippies” para alinear los chakras de la mocosa.  Se sentaba en el suelo junto a mi, y me iba contando cuentos que se sacaba de la manga, y un día descubrió que,  si me iba describiendo cómo se veían las ondas de los sonidos, o un color, me quedaba en paz, sintiendo cada beat de eso que a el le vendían como “new age relajante” Que por cierto, no era otra cosa que música electrónica.

Cuando cumplí 6, le pareció que ya era lo suficientemente consciente, como para presentarme a su nuevo mejor amigo: el walkman. Así que compró un plug doble, mis primeros audífonos de gente decente, y me presentó a Depeche Mode, y por ende los sintetizadores.

Cuando cumplí 7, decidió que era buena idea mandarme a clases de piano porque no me pinches podía gobernar, y como buena fiera, la música me calmaba. Eso y porque ya habíamos visto Amadeus unas 30 veces y no dejaba de joder con que quería aprender a hacer eso.

Y en eso, nos informaron que mi dulce y tierna hermanita estaba en camino,  y que en este envió, no había devoluciones. Hicimos berrinche, y digo hicimos, por qué a él, no le hacía la menor gracia. Con en ese entonces 37 años, se estaba haciendo a la idea apenas, que tenía un ser totalmente dependiente al que enseñarle el mundo, y uno nuevo al que había que cambiarle pañales, pos no le hacía gracia, y menos porque a mi   ya me podía pasar de contrabando al cine a ver películas de ciencia ficción o de acción sin mucho problema.  Francamente a mi tampoco me hacía la menor gracia compartir a mi compañero de juegos, y a mi máquina de explicar cosas con música, además de cuentos.

Esos meses, mi papá y yo nos la vivíamos viendo joyas como está, en nuestros recién comprados, juguetes post TLC de esos que costaban un chingo de lana y sonaban, bien sabroso.

Si, a veces me pregunto en que drogas andaba mi papá, como para ver conmigo este tipo de cosas antes de los 7 años.

Poco antes de que naciera mi hermana, a mi papá le dio por sacarme de la escuela, y llevarme a cuanto museo estuviera abierto entre semana, luego, a cazar bichos y clasificarlos entomológicamente.  Poco a poco nos fuimos creando un mundo aparte, en el que había montones de películas de acción, entre más sangre y efectos especiales mejor, muchas desveladas leyendo libros en voz alta, y discos, pero en serio toneladas de viniles de todo tiṕo, aunque yo tenía una especial predilección por los sintetizadores.

Después de que nació mi hermana menor, no se acabó el mundo, al contrario, hacíamos lo que podíamos para integrar a la cosa esa a nuestro ecosistema. Aún así, cada sábado religiosamente, nos acostábamos en el suelo, o sobre el cofre del Chevy Nova 72 a ver las estrellas y escuchar música en serio, así, sin palabras, hasta que me quedaba dormida, me quitaba a mi gata  de los brazos y me llevaba a mi cama.

Para 1995, cuando la cosa que decían que era mi hermana, pero yo aún no consideraba ser humano, tenía poco menos de un año, me regalaron mi primera computadora, y junto con eso, una nueva escuela en la que además no haber monjas, quesque nos enseñaban a programar en logo. Mi papá, y yo entonces, desarrollamos nuevos juegos dónde pasárnosla chingón, en los que mi poderosa pantalla monocromática y yo, junto con mis aún más poderosos y flamantes discos de 5 1/4  de colores nos la pasábamos bien, clasificando los ya miles de libros que tenía mi cuarto, y sus viniles eran los protagonistas.

Para finales de ese mismo año ¡Sorpresa! Un nuevo hermanito,  y con él nuevos pleitos entre mis papás, no se llevaban nada bien, la mera verdad,  y yo, en ese entonces, me la vivía debajo de un escritorio de media tonelada de pino, con mi walkman, mis muñecas, mis libros y mi gata.

No entendía por qué tanta violencia entre ellos, solo alcanzaba escuchar  cosas como:

“Apenas y podemos con las dos” “Viene mal” “Es niño”

22 de Mayo de 1996.

Es niño, y se ve normal.

22 de Mayo de 1999.

Es autista.

Y comenzó un largo y penoso peregrinar entre hospitales de nuevo. Más rudo y salvaje que el que vivimos. Diagnósticos macabros, medicamentos, terapias para todos, y cada vez menos tiempo para compartir, pero aún así, nos la ingeniábamos para compartir el mayor tiempo posible en carretera, y discutir por quién tomaba el control del radio del carro.

Marzo de 2002

La niña tiene migraña otra vez, no quiere ir a la escuela seguramente, Vamos a mandarla.

Abril de 2002

La niña perdió el 80% de la capacidad visual ¿Por qué no la trajeron antes?

Entre que ya era adolescente y la culpa, no sé como le hizo mi padre para no quebrarse cada vez que la neuróloga se acercaba a pedir autorización para tratamientos cada vez más agresivos,  con pruebas que incluso podían haberme costado otro sentido para entender que demonios estaba pasando.

Y como cuando era más chiquita, pero ahora con otro tipo de música, sola, en la cama de un hospital, con las venas a dos de colapsar por infiltraciones, punciones lumbares, comencé un nuevo ritual, en el que, nuevamente la música era la protagonista, la única que me quedaba por que tenía totalmente atrofiado un sentido.  Sin otra salida que tomar, más que hacía dentro, como me habían enseñado 10 años atrás echados en el piso, siguiendo los hiptonizantes movimientos de las gotas de lluvia a través de luces de colores, y cristales grabados o de las barras de ecualizadores. Recordando como empatar el ritmo del corazón, al mismo beat de lo que estaba oyendo,  pero ahora, no esperando la calma, si no que la morfina fuera entrando a mis torturadas venas.

2004

La niña quiere dedicarse a la música electrónica.  ¿En qué fallamos?

Y tiene un blog ¿Qué chingados es eso?

La niña quiere ir al loveparade, vamos a llevarla para que deje de chingar.

Junio de 2005 – Abril de 2008

La niña se la vive en el antro, entre djs, aprendió francés e inglés y no quiere estudiar una ingeniería : chingada madre.


Agosto de 2008

La niña acaba de cobrar su primer cheque,  ya se dedica a la música electrónica. Ya no es mi bebita.

El nombre de la niña aparece en Dj Mag México

La niña tiene fans.

La niña sale de viaje


La niña ya no vive en la casa…

2009

La niña se metió a la política, de tal palo tal astilla.

La niña finalmente esta en la universidad,  pero no va a regresar a la casa.


Nos peleamos, nos mordemos, nos arañamos, pero lo Ocampo, me cae, que nunca se nos va a quitar…. Gracias por dejarme tomar mis decisiones, por dejarme tener criterio propio y libre albedrío y no aplastar mis sueños aunque no los entiendas.  Gracias por no quitarme las ganas de explorar y de jugar con el mundo entero. Gracias por dejarme ayudarte, cuando el mundo se te caía encima.

Feliz día del padre, papá.

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Solo otro #domingodeclasicos más

Para todos hay un punto de quiebre en la vida. El punto en el que las cosas no vuelven a ser JAMÁS lo de antes. El mio fue por ahí de 2002, poco después de haber recuperado la vista y asumiendo las consecuencias de un tratamiento salvaje para recuperarla.

A veces, pasaba horas viendo por la ventana, solo por el gusto de poder volver a disfrutar los colores, no quería dormir, no quería perder detalle alguno de lo que tenía enfrente. Tenía riesgo de perder cristalino y córnea, aún después de haber bajado la inflamación del nervio óptico existía la posibilidad por el daño de que se desprendieran sin más, por un mal movimiento.

Y si los perdía, evidentemente no iba a volver a ver jamás, quería guardar en mi memoria todo lo hermoso que pudiera, un amanecer, un libro, una película, el color de las hojas de los árboles…

Mi papá había decidido darme de baja ese año de la escuela, y creo que hizo bien aunque en ese momento quería matarlo.

En esas estaba cuando, descubrí en serio la programación de W FM. Cuando acosaba locutores por teléfono, para no perder según yo, el contacto con el mundo.

En una de esas madrugadas, en las que buscaba a toda costa guardar en mi memoria todo lo que pudiera leer, apareció una rola de Schiller en la programación. Todavía no entendía bien inglés pero me sacudió el alma la voz de Peter Hepner.

Una semana antes había escuchado una entrevista con David Morales en la que había contado cómo de ser un latino más rechazado en el guetto se había convertido en EL remixer de las estrellas de los 90’s.

La voz de Peter, los arreglos de Schiller me metieron en un trance de 4:12 minutos que me cambiaron para siempre. En la mañana rompí con las manos todos los discos que no fueran música electrónica, me deshice de todas las revistas que no tuvieran algo que ver los djs…. No sabía cómo, no sabía cuando, pero un día iba a dedicarme a eso que me enchinaba la piel.y que sacudía cada una de las fibras de mi alma. Poco después de un año conocí a Bjay Redes Sociales y el resto es historia.

Se los cuento así, porque la neta, mi relación con la música electrónica es algo mucho más profundo que algo que me guste, o una profesión, nel, es el amor de mi vida, y me gusta contagiar a quién se deje.

Es ‪#‎domingodecasicos‬ de nuevo mis criaturitas de la red y por hoy, nadie lo puede evitar.

 

La Mansión del Viento

Había una vez, en 2012 una yo muy lastimada, histérica cansada y derrotada, que ya no sabía pa’ dónde hacerse.  Era Noviembre y de repente me llegó un twitt como tantas otras veces de  una cuenta que se hacía llamar @saiffe. De repente le contestaba los DM, pero estaba muy ocupada atendiendo mi entonces extremo tren de trabajo, asimilando  el putazo de 2010 en dónde me arrancaron a quién había sido la médula espinal de mi vida.

No sé por qué, ese día, bajando de Santa Fail decidí que era buena idea finalmente hacerle caso a las mil y un invitaciones y caí al departamento 701 del 503 de Pilares en la Colonia del Valle.

Marcela y yo hablamos hasta la madrugada, y de la misma manera que no supe cómo porque ese día iba me quedé en su sala. En la mañana me hizo de desayunar unos hot cakes, y unas salchichas para azar, mientras los hermosos ojos Boris, su gato, me daban los buenos días.

Quedamos en hacer unas cosas, y de repente me di cuenta que era la primera vez en los 25 años que tenía que había dormido una noche en paz y bien. Para Diciembre gracias a una amiga había encontrado una chamba cerca de la Mansión del Viento, y lejos de mi casa.

Para el tercer o cuarto día, decidí comprar un delicioso pollo a la leña y compartirlo con la Saiffe ¿Por qué? No’mas porqué quería compartir esa noche la mesa con alguien. Llevaba 5 años cenando sola y dos extrañando a mi primer amor felino que habían dormido sin avisarme o sin posibilidad de despedirme.

Boris, Marcela y yo sentados en la mesa, en una escena que  me parecía muy familiar sin haberla vivido nunca. Esa noche salí de ahí con las llaves del que sería mi hogar por dos años.

Hacia el norte, había un gran ventanal por donde ver el amanecer. 

La Mansión del viento.

Y hacía el sur el desconocido territorio de más allá de Eje 8.

La mansion del viento 2

Fueron dos años en los que aprendí que podía continuar, a  dejar que se secaran las heridas y a llorar  todo lo que no había llorado en la vida, las pérdidas  que ni yo había notado.  Deje ir gente que me hacía daño, otros llegaron para quedarse, y unos más se instalaron pero solo fueron un paso efímero.

Aprendí a darme cuenta lo verdaderamente afortunada que era de haber sido educada por un gran maestro de la música electrónica en América Latina, y de haber pasado por pruebas de vida que habrían matado a cualquier otra para llegar a ser el felino monstruo que soy hoy.

Los días de lluvia, Rosita, la señora que recogía el caos que dejábamos atrás todas las semanas, Juanito el portero siempre amable y con un chisme para alegrarte el día, el tianguis con unos deliciosos tacos de mixiote todos los jueves justo en la esquina de la casa. Las idas al super a las 4: 00 AM, because yolo. O caminar en el parque arboledas antes del amanecer.

Innumerables personajes pasaron por la Mansión del Viento, chamanes, brujas, brujos y hasta un santero alcohólico. Probamos de todo para aprender a hacer las pases de quién realmente  eramos. Hoy, aunque tengo unos problemas serios que resolver, me siento mil veces más fuerte de lo que fui.

Mi Mufasa no me dejó, solamente,  se hizo nube para acompañarme más de cerca en el camino de esta vida. Solo puedo sentirme agradecida por haber habitado la Mansión del Viento y dejarle el camino a otros para que la disfruten, algún día he de volver con Artemisa bajó el brazo y la próxima generación Ocampo..

Hoy llueve en la Ciudad de México, y me pego la nostalgia, básicamente porque hoy ya estoy en paz con la persona más importante en mi vida: yo. De aquí pa’l real el camino seguro será complicado y lleno de piedras,  pero se justo hacía dónde mover el timon está vez, total, es solo una tormentita.

La historia de una foto

2015-11-29 22.32.28En esta foto teníamos 19 años, como siempre, nos acabamos colando cerca del dj, Previa autorización del manager y un par de mentadas de madre de la seguridad del Root’s.

Nos habremos pasado por lo menos un mes planeando las playeras, los carteles en holandés y en alemán -también tocó ATB esa noche- casi no llegamos a la fiesta, y alguien nos hizo una mala pasada con los boletos. Pero se la peló, de todas maneras entramos, y al final hasta en el backstage acabamos.

No eran los mejores momentos de mi vida personalmente. Estaba en el arduo proceso de aceptar que la enfermedad me habría hecho diferente para siempre. Que mi hermano era autista profundo, y no entendía porque mi papá estaba tan enojado con la vida y consigo mismo por qué creía que había hecho algo mal por tener un hijo discapacitado.

La escuela era a veces un refugio y otras un recordatorio de qué ese no era mi camino.

Estaba descubriendo quienes eran mis amigos de verdad y los que solo serían pasajeros.

Había días en los que de plano no me levantaba de tristeza, y lo único que me hacía aferrarme a todo era saber que había locos igual que yo, que a pesar de no haber tenido oportunidades o familias que los apoyaran se habían convertido en lo que siempre quisieron ser y vivían de lo que más amaban en la vida.

Esa noche André Tanneberger tocó Long way home, y se me salieron las lágrimas, a mi alrededor había una comunidad anónima que se emocionaba igual que yo con cada beat, que también enloquecía con las letras. Ahí no era diferente, era una más.

Cuando llegó Ferry Corsten a los players sentí las lágrimas de otra chava detrás de mi, se había quedado sin batería en su cámara. No sé porque, siendo yo, realmente celosa de mis cosas -como buena ex hija única- saqué dos pilas recargables y se las dí.

Creo que le dije: “Me llamo Minerva Ocampo, tengo un blog buscame en google y después me regresas las pilas”. Todavía ignoro porqué confié en qué nos volveríamos a encontrar.

Ferry, comenzó con Punk creó y de ahí fue bajando el beat hasta poder poner Possession, Fire y Beautiful me hicieron llorar de nuevo en silencio.

En cada fiesta aún solo como fan sentía que era ahí a donde realmente pertenecía, al mundo de la noche, al de la música electrónica. Cada foto, cada noche en el club era una probadita del mundo que si quería. Y desde mi blog personal hacía lo que podía para compartir lo mucho o poco que iba aprendiendo de este mundo de djs, beats, lasers y harta desvelada.

A veces como chingan que soy muy intensa y determinante con mis posturas ante este mundo que ocurre a grandes decibeles. Pero la verdad es que para mi, la gente que trabaja de noche no es desconocida.  Los top djs, algunos managers, locutores, gente de montaje, seguridad, y hasta algunos más se volvieron cercanos; se convirtieron en mi familia.

Las rolas se convirtieron también mi historia, en algo más que un dato escrito por quién sabe quién en wikipedia.

La música electrónica me ha llevado a la gente más importante en mi vida, a los sueños que no me dio tiempo de soñar cuando ya eran fehaciente realidad.

No me gusta que la gente que no la conoce la manosee y la trate con desdén, es una mercancía lo sé, pero una tan valiosa que con gusto  aún estoy dispuesta a dejar mi vida en ella. .

La gente que llega por moda no me interesa, igual que en ese 18 de agosto de 2004  en un rinconcito entre Insurgentes Norte y Ricarte,  cuando comencé esta loca aventura de escribir lo que sentía, pensaba, y conocía acerca de los djs que a mi me volvían loca, es encontrar a otros que de verdad amen y construyan su estilo de vida en torno al amor de mi vida: la música electrónica.

Por cierto, la chica a la que le di las pilas esa noche, si me buscó y me regresó las pilas, se llama Mely y es una muy querida amiga. Esa noche venía de Guerrero, si no le hubiera dado esas pilas probablemente se habría quedado sin recuerdos de una gran noche.

La última rola antes de partir.

Hace unas semanas desde Be-Tronic les preguntaba ¿Cuál sería la última canción que te gustaría escuchar antes de morir? Muchas de la respuestas fueron dignas de un ‪#‎domingodeclasicos‬.

Ahora que si o si, he tenido que recordar que se siente ver morir a alguien, o pasar justo al lado de gente que no sé quiere ir aunque ya tenga que hacerlo. De sentir el dolor de mucha gente atrapada en un cuerpo que no le responde como su mente quisiera. Me quede pensando en la rola que yo misma escucharía antes de irme a la mejor pachanga del universo, allá dónde ya se llevaron a grandes talentos y muy queridos amigos.

¿Cuál sería mi rola?

Aunque no parezca ya se me acabó el rencor y el odio para mis enemigos, la vida se las está cobrando y yo tengo un asiento de primera fila con todo y palomitas para verlo.

Me gusta crear más que destruir, aunque no me tiembla la mano para quitar estorbos del camino. ¿Cuál sería la rola perfecta para apagar el sistema permanentemente?

Creo que tiene que ser algo que refleje lo que hasta ahora es mi camino para encontrarme, en dónde ha habido destrucción, pero al mismo tiempo, una enorme belleza, sutil, discreta pero sobrecogedora.

Sin palabras, sin dogmas, sin discursos, solo algo para cerrar los ojos mientras llega el momento de esperar que se apague todo… Algo que me acompaña desde que tengo uso de razón mi rola, es Ruhe de Schiller.

¿Y la de ustedes?

Tú, ese al que odio.

Suelo presentarme como una mala persona. Realmente no es que lo sea, no’mas me gusta ver la cara de los mojigatos y de los siempre positivos fruncirse o poner cara de ¿Neta?

Y puede que para esos que les encanta seguir las “formas sociales” sea el prototipo perfecto de todo lo que NO hay que ser. Digo, de entrada soy vieja en una industria dominada por puro tornillo (osea hombres).  Eso para algunos no está bien visto. Y si le sumamos todas las palabrotas que digo por minuto pior tantito.

Mi mamá es una de esas que cree que si eres mujer tienes que concentrar tu vida en encontrar un buen marido, tener hijitos, ir a misa… y chingaderas varias dignas de un cliché.

Me asomé a ese modelo desde niña, y francamente no me gusto.  A veces creo personajes como mi mamá fueron creados para ser odiados hasta la médula. Y saben qué, está padre odiarlos.

No todo tiene que ser bueno, lindo, brilloso y lleno de plumas blancas de iluminación. Se necesita a veces, odiar algo lo suficiente como para cambiar tú mundo para no convertirte en eso que nada más de verlo o escucharlo hace que se te revuelva el estómago.

Justo para que eso que te lastima, te enferma y te hace daño, no se vuelva parte de tu sistema.

En esta vida de la noche, hay alguien que verdaderamente odio con toda el alma, y que deseo que todo lo malo que me ha pasado le pase a él.  Nadie me ha lastimado tan profundamente como ese personaje.

Y al mismo tiempo, es una de las personas que con sus pésimos ejemplos fue uno de mis mejores maestros. Digo fue, no porque ya no este vivo, si no porque hace unos 2 años ya no es parte de mi vida. Hace 2 años lo desterré de mi camino, básicamente porque ya me había lastimado lo suficiente como para no darle una oportunidad más de herirme.

De ese siniestro personaje, que deja como un lindo cachorrito a Darth Vader, descubrí algo muy importante, que amo de verdad lo que hago, lo suficiente como para no tener que pasar mi existencia eclipsada por la falta de visión de alguien.

Creo que si me he dado tumbos estos últimos años, es porque me he descubierto a veces siendo tan maldita, cínica, perversa y poco humana como él.   Me ha hecho dar un paso atrás,  aún teniendo delante oportunidades únicas para hacer todas las locuras que había planeado desde niña en la música electrónica.

Le tengo mucho cariño a mi oscura alma, como para aceptar algunos miles de pesos a cambio de ella.

He odiado tanto a ese Darth Vader, que olvide algo, igual que Skywalker tengo algo de su fuerza en mi, porque de alguna forma también es mi padre igual que el jedi que me entreno en las artes de la fuerza, no’mas que este tú, ese que odio, te perdiste en tu dolor, te llevaste entre las patas tu vida, y de aquellos que quieres.

Hace poco me di cuenta, que a ese que odio, en realidad, no lo odio, lo quiero y un chingo, y me duele ver como sus acciones además de lastimarme en su momento profundamente. Le causaron  daños irreparables a la persona más importante de su vida, a él mismo. Esa maldad y sadismo con el que creí que me trataba era la única forma de afecto que conoce o que sabe dar.

Y a veces esa maldad y oscuridad, hacen falta para crear personas que realmente amen lo que hacen. Sin una carrera de obstáculos como la que me montaron a mi en la pista de carreras, no sabría que tanto disfruto el poder caminar en el frío bajo una noche oscura.  Así de extremo es este bisne.

Ahora veo que ese némesis que tanto detesté, es uno de los grandes regalos de esta existencia humana.  Y tú, ese que odio, la verdad es que te estoy profundamente agradecida por enseñarme con sangre porque amo con locura y con pasión, esto que le dicen música electrónica.

Y ahora que estás en crisis solo espero que aprendas la lección para no repetir una vez más la historia de horror que estás terminando de escribir con esas garras, porque los tuyos hace mucho que dejaron de ser dedos…

 Si, soy ese tipo de mala persona, que te dice eres un pendejo y te soltara un cablazo en la jeta por pendejo.  Pero a la mejor te abrazo el día que dejes de ser un animal.

¿Y si me atrevo?

Para pocas cosas soy miedosa. Pero hay una, tengo que confesar que si, hay algo que me aterra mala onda desde que tengo uso de razón. Bueno, lo que yo llamo razón:  Las relaciones amorosas.

Ustedes no están para saberlo pero yo sí para contarlo. Durante muchisimo  tiempo, me he concentrado tanto en salirme con la mía que, mis amistades de toda la vida han pagado los platos rotos. Gente que creció conmigo,  y otros que en su momento quise un chingo y dos montones no están tan presentes como quisiera. Si eso pasa con mi tribu, imaginense no’mas como ha estado todo lo demás.

Tengo la enorme ventaja de saber que el amor de mi vida se llama música electrónica, así que, la neta todo lo demás han sido affaires sin mucha importancia. Hasta ahora.  Si sin curiosos o me han stalkeado en social media. Verán que algo ha cambiado en los últimos días.  De repente muchas fotos de florecitas, y menos mala leche de la que acostumbro.  Y si, puede que algunos digan que ya me perdieron, y puede que tengan razón.

Hace unos días decidí jugarme esa carta que, por muchas motivos había dejado bien guardada en un cajón.  Soy de esas, que necesita sentir que todo lo tiene bajo control, y las emociones son algo que nunca he podido mantener valga, la redundancia, bajo ese control.

Al lado de alguien que debe estar igual o más loco que yo, decidí que es hora de experimentar lo que los demás aprenden durante la prepa o antes.  Como cada vez que el miedo me invade, ya estoy aquí.  ¿Qué es lo peor que puede pasar si me atrevo a dar un paso más?

Hasta miedo me di con este post. Me cae.